Borincano:
Podrás tener hermosas playas, que bailan entre palmeras.
Podrás gozar de sus montañas que se escapan de los llanos.
Tu fauna será envidiable, tus flores y mariposas.
Tu gallo se oirá de día y tu coquí cuando oscurece. Y con orgullo dirás: ¡Esta es mi tierra, mi hermano!
Pero hoy yo te pregunto: ¿Dónde está tu Dios, borincano? ¿Aquél que allí te sembró? El que tu tierra formó. Que regaló al mundo entero una valiosa perla, ¡Y Puerto Rico la llamó!
¡Vuélvete a Dios, borincano! Deja atrás los prejuicios, las envidias, los rencores, las diputas y los celos;
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¡Vuélvete a Dios, borincano! Deja atrás los prejuicios, las envidias, los rencores, las diputas y los celos; ¿No ves que son hermanos? ¡No afees ni destruyas más, con vicios, crímenes y maltratos; todo lo que yo quiero!
Lo que yo con tanto amor, para ti, he sembrado. Pero aún hay gente buena y noble en mi Puerto Rico amado, que están en pie como el roble; Pues aún levantan sus dos manos y expresan en su oración:
“Oh Dios, permite que a Ti se vuelva, aquél que dice ser mi hermano, que te dé, por entero, su herido corazón.” Por eso yo, en esta hora, te digo a ti, hijo amado:
¡Vuélvete a mi, borincano!
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